Thursday, May 22, 2008

El proceso porteño que cambió la educación superior chilena: La reforma universitaria chilena que anticipó el "Mayo del 68"


Gabriel Pardo y Rodrigo Cea / El Mercurio


Hace 40 años, dos profesores de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso escribieron un manifiesto que exigía cambios profundos en esa casa de estudios. Lo que partió casi como un acto poético terminó detonando la reforma universitaria chilena un año antes que las protestas estudiantiles en París.Los tacharon de "los loquitos de Arquitectura". Un día de junio de 1967 un grupo de profesores y alumnos de la escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso caminaron hasta la playa, tomaron algunas de sus pertenencias más queridas -desde relojes hasta prendas de vestir- las pusieron dentro de una bolsa y, sin más, las lanzaron al mar.No era otra cosa que un acto poético liderado por el vate Godofredo Iommi y su amigo, el arquitecto Alberto Cruz. Era el año en que The Beatles tocaba "All you need is love" en televisión, China detonaba la bomba de hidrógeno y explotaba el movimiento hippie en Estados Unidos.En tanto, en el cerro Recreo de Viña del Mar, Cruz y Iommi -fallecido el 2001- redactaban un manifiesto que terminó por desencadenar un movimiento de reforma universitaria que se extendería luego a Santiago y cambiaría radicalmente la educación superior en Chile. No sólo eso. Se anticiparían a la famosa revolución parisina de mayo de 1968, en la que miles de estudiantes y trabajadores salieron a las calles enarbolando banderas que rezaban "prohibido prohibir" y "seamos realistas, pidamos lo imposible".Estalla la tomaEl 14 de junio de 1967, el presidente del centro de alumnos de Arquitectura, Boris Ivelic, estaba en su casa afinando los últimos detalles de su proyecto de título cuando uno de sus compañeros llegó para avisarle que alumnos y profesores estaban reunidos en la escuela y que él debía estar presente. "Cuando llegué, descubrí que todos se cuadraban con hacer una toma y exigir cambios en la estructura de la universidad, todo inspirado en la poesía", recuerda Ivelic, quien continúa hasta hoy como académico en esa escuela.Al día siguiente, Iommi y Cruz, los líderes intelectuales del alzamiento, dieron a conocer un escrito en el que no reconocían a las autoridades vigentes de la universidad, suspendían toda actividad académica y declaraban "acéfala" la casa de estudios."Una ola de cobardía cubre nuestra América". Así partía el primer párrafo. Ante ello proclamaban el "lúcido coraje para luchar sin tregua para instalar en tierras americanas un lugar donde la libertad de estudio y la apertura hacia lo propio, sin prejuicios, dogmatismo o chauvinismos, sea realidad".El texto llegó pronto a manos del gran canciller de la universidad. También a otras facultades. Pero el rector de la UCV Arturo Zavala por esos días se encontraba junto al resto de sus pares chilenos (8 rectores en total) en una visita a Rusia organizada por el gobierno soviético.Las reuniones y asambleas se propagaron rápido en la UCV. Así fue que el 17 de junio el consejo superior, con un voto de mayoría, terminó por definir que la Nueva Universidad debía "hacer posible una comunidad efectiva entre profesores y alumnos", "la generación democrática de las actividades académicas" y la elección del cargo de rector. Hasta ese momento las autoridades eran nombradas por el Vaticano."Queríamos tener libertad de enseñanza y que la universidad fuera autónoma ante las contingencias políticas", rememora Ivelic.El gran canciller objetó el acuerdo y propuso un cambio por la vía institucional. Pero el movimiento estudiantil se había desatado. Para cuando el rector Zavala estaba de vuelta en Chile, la casa central ya estaba tomada.Fueron 58 días de toma en los que el grupo Ictus presentó la obra "Libertad, Libertad", el poeta cubano Nicolás Guillén ofreció un recital junto a Juvencio Valle y los dirigentes estudiantiles enviaron cartas al Vaticano explicando la naturaleza del conflicto. Durante el movimiento las salas de clases sirvieron para dormir y comer mientras los jóvenes oradores hacían uso de sus mejores ironías. "Perdonen que cite a Heidegger y no a algún senador de la república", se le oía decir a Leonidas Emilfork, actual director del Instituto de Arte de la UCV, quien hasta hoy es recordado como uno de los más mordaces."El nuestro era un movimiento intelectual y poético que superaba a las ideologías. Leíamos a los clásicos griegos, a Mallarmé, a Baudelaire... queríamos cambiar la sociedad desde la universidad", recuerda Emilfork. Y sostiene que entre los más activos participantes se encontraba el ex asesor laguista del "segundo piso" Ernesto Ottone, por esos días integrante del Instituto de Ciencias Sociales de la UCV; el cientista político Óscar Godoy, hoy panelista del programa Estado Nacional de TVN; el actual diputado PPD Rodrigo González, y Raúl Allard, quien posteriormente sería el primer rector reformista de la UCV e intendente de la Quinta Región.Internacionalmente también recibían apoyo de intelectuales como el filósofo francés Francois Fédier y el poeta Michael Deguy, quienes un año después serían protagonistas del "Mayo del 68" parisino. Mientras tanto, la rectoría trataba de reorganizar las clases en el Colegio Sagrados Corazones de Valparaíso, el Colegio Salesiano y la Scuola Italiana.Ya en agosto la FEUC-V convocó a una manifestación en el Parque Italia de Valparaíso, que terminó con una toma del obispado. "Había una especie de ideal gandhiano -afirma Ivelic-, porque muchos rechazábamos la violencia. La idea era no responder a los lumazos, lo que no siempre funcionaba". Dos días después, en otra concentración, intervenía apoyando el movimiento el presidente de la Unión de Federaciones Universitarias de Chile, que no era otro que José Miguel Insulza. La notoriedad de esos hechos aceleró las conversaciones con la rectoría.Las clases se reanudaron finalmente el 14 de agosto de ese año. El rector Arturo Zavala presentó su renuncia y se redactó una "declaración conjunta" con la participación del gran canciller, el obispo Emilio Tagle, representantes docentes y de los alumnos."Y lo logramos""Proponíamos una nueva estructura universitaria, un estilo más comunitario, una primacía de lo académico por sobre lo administrativo y una democratización de todos los estamentos. Y lo logramos". Así lo recuerda el abogado Raúl Allard (DC), quien por esos días era regidor de Viña del Mar y se convirtió en el primer rector de la reforma, con sólo 30 años de edad. Era abril de 1968.En la UCV la reforma significó, entre otras cosas, que el rector fuera elegido democráticamente en base a un claustro pleno representativo, que se crearan nuevas carreras e institutos de investigación, aumentara la matrícula y apareciera la nueva institucionalidad del senado académico.Pero si el 7 de agosto terminaban las movilizaciones en el puerto, tan sólo tres días después los estudiantes de la Universidad Católica de Chile votaban una huelga pidiendo la renuncia del rector, el obispo Alfredo Silva. Tras 11 días de toma en la casa central lograban su objetivo y asumía como prorrector Fernando Castillo Velasco, primer laico al mando de la UC. Luego vendrían masivas movilizaciones en las Universidades de Chile y de Concepción.Lo que había empezado casi como un acto poético en una pequeña escuela de Arquitectura del cerro Recreo se había extendido a todo el país y cambiaría para siempre las aulas universitarias chilenas.CIUDAD ABIERTA EN RITOQUE: El refugio de los reformistasJunto a los cambios universitarios, el movimiento de 1967 porteño trajo consigo otras iniciativas innovadoras. Fue así como en 1972 nació la Ciudad Abierta de Ritoque, ideada por Godofredo Iommi. El primero en llegar fue Boris Ivelic, el ex presidente del Centro de Alumnos de la Escuela de Arquitectura, quien convenció a su mujer de vivir en la playa, solos, sin electricidad, con agua de pozo, en un iglú de totora y metal. Así estuvieron por cinco años, cuando otros arquitectos, diseñadores, filósofos, escultores y pintores comenzaron a llegar y construir sus casas. "El proceso fue lento, pues era necesario convencer a esposas e hijos de irse a vivir a un lugar tan distinto al que estaban acostumbrados", recuerda Ivelic.En 1980 eran cinco familias las que hacían realidad el sueño de habitar un espacio diseñado con la ética de una arquitectura experimental. A 16 kilómetros de Valparaíso, en Ciudad Abierta hoy viven medio centenar de personas en construcciones únicas y no convencionales.Aquí mismo además, los alumnos de la Escuela de Arquitectura de la UCV tienen talleres y cursos, como, por ejemplo, "cultura del cuerpo"."En un condominio no puedes hacer nada, todo está normado, y Ciudad Abierta es todo lo contrario, es un espacio para la creación libre", aseguran sus integrantes.